viernes, 25 de enero de 2013

Mujer Amante


Por suerte la consigna fue “narrar detalladamente qué es lo que hace que te guste una determinada canción” y no “elegir el mejor tema del mundo y explicar por qué”. Esta inocente laxitud de la consigna me dio pie a poner de una buena vez por todas a Mujer Amante, de Rata Blanca, en ese pedestal laureado donde se colocan las canciones cuando se escribe sobre ellas.
Sí: Mujer Amante. Un temazo que merece ser cantado a coro desde las vísceras; cuanto más borracho mejor. A pura solidaridad con ese lamento que verso a verso va desgarrándose en dolor romántico. Cómo sufre ese muchacho, por favor. 
Cuando suenan los primeros acordes de Mujer Amante pareciera que se trata de una poderosa señal de superhéroe que convoca a audiencias variopintas a aullar junto al vocalista. Es un hecho: hay soldados de Adrián Barilari y Walter Giardino esparcidos por todos lados, parapetados en los lugares menos pensados. Una verdadera cofradía.
Pude comprobarlo una vez en la condición más exigente que pueda darse: un supermercado. Un lugar casi de paso, impersonal, estandarizado, ajeno a cualquier emoción. Creo que nadie es demasiado feliz en un supermercado.
Estaba en el sector verdulería, maldiciendo la lechuga marchita, cuando empezó a sonar Mujer Amante. Nunca antes había tenido conciencia de la música que puede sonar en un súper. No podría decir qué temas suenan en un súper de cadena. Quizás sea eso lo primero para destacar de Mujer Amante: te saca de donde estés y te pone en modo Spinal Tap de manera instantánea. 
“Siento el calor de toda tu piel en mi cuerpo otra vez”. La voz cargada de drama y una sensualidad un poco melosa empezó a envolver la situación. Sentí que tenía que cantarla, ignorando cualquier señal de pudor o vergüenza que proviniera del lóbulo frontal. “Estrella fugaz, enciende mi sed, misteriosa mujer”. La lechuga ya no importaba, había un alma desangrándose que atender, había sido convocada. “Con tu amor sensual, cuánto más me das. Haz que mi sueño sea una verdad”. Es una canción que no se puede cantar bajito, la letra pide impostar la voz, pide gesticular, pide entrega. “Dame tu alma hoy, haz el ritual. Llévame al mundo donde puede soñar”. Te lo pide en “tu”, no te lo pide en “vos”. Es amor puro y verdadero. Quiere ir a un mundo de unicornios y seres mágicos para que seas su pitonisa. Es maravilloso y ya se acerca el poderosísimo estribillo para gritar sin censura “Uhhhhhhhhhhhhhhhhh, quiero saber si es verdad”. 
No sé bien cómo en ese momento pude notar que un joven absolutamente anodino que juntaba tomates perita en una bolsa miraba al techo y acompañaba el “Uhhhhhhhhh”. Entendí que tenía que mirar alrededor, que estaba inmersa en un guiso de Rata Blanca. Un poco más lejos, el carnicero, dándole tajadas a un trozo de cuadrada para hacer milanesas, acompañaba con su voz el himno desolador. Continuaba su noble tarea, cantando y moviendo la cabeza al ritmo de la power balad. Más allá un repositor muy joven de la góndola de enlatados no sabía bien la letra, pero el pecho se le hinchaba de aire que quería ser exhalado como plegaria ritmada. Me pareció ver una cajera a la que un cliente le hablaba pero ella, absorta en los recuerdos que le despertaba la canción, no lo escuchaba.
Así, estás células dormidas de Mujer Amante, en el lugar menos pensado, a coro agudo canturrearon: “voy a buscar una señal, una canción”.
La canción fue cantada de principio a fin con intensidad in-crescendo. Daba la sensación de que algo verdaderamente iba a pasar. Que el hombre de seguridad finalmente le declararía su amor a la mujer de limpieza, o algo así. Pero no. Cuando la canción terminó, todos se desconectaron y retornaron a sus tareas. Seguramente con alguna sensación distinta. Con un significado diferente para cada uno. Los más grandes, algún amor no correspondido, o algún momento de sequía amorosa. Los más chicos tal vez con significante vacío pero percibiendo la vibración de esa fibra que tiene el tema.
Es difícil entender cómo interactúa Mujer Amante con los mortales. Una canción con un valor poético un poco pobre, que arranca en “tu” y cuando se pone un poco más cachonda, pasa, por razones que quizás la psicología pueda dar, al “vos”. Tal vez las neurociencias debieran tomarla como sujeto de estudio. Poner a individuos de edades y contextos distintos a escuchar la canción y ver qué los hermana en el electroencefalograma.
Es cierto que la  figura de la mujer como un ser redentor para el alma perdida de un hombre sensible es tan eficaz como trillada, pero no alcanza para explicar el fenómeno. Es más, a esta altura no sé si quiero entenderla.
Mujer Amante es uno de los grandes temas del rock nacional pese al que le pese. Con toda su monstruosidad y la arenga que suscita. No tendrá air guitar pero tiene muchos ojos cerrados y cuellos que se estiran para vocalizarla. Y a veintitrés años de su creación la señal sigue convocando reclutas.

PD: Los dejo aullando por el resto del día. No me odien.